"Lo que Dios nos pone en el camino es siempre lo mejor"

María Luisa Zoia es madre de tres hijos, dos de ellos miembros del Opus Dei. Como madre cristiana agradece a Dios ese regalo. En esta entrevista cuenta lo que ha significado para su familia el contacto con el Opus Dei.

Del Opus Dei

¿Cómo conoció el Opus Dei?

A través de mi cuñada. Ella tenía una vecina –de esto hace muchos años, cuando las dos éramos todavía adolescentes–, que pidió la admisión en el Opus Dei como numeraria y estuvo en Roma. Pasaron los años y un día se la encontró. Mi cuñada ya estaba casada y tenía una hijita y un hijo. Su amiga le contó que había un club juvenil para las niñas, donde aprendían un poco de catecismo y otras actividades. Mi hija Mónica tenía casi la misma edad que Daniela, mi sobrina. Así empezaron a ir juntas al club Altea.

¿Y qué aprendió en esas clases de formación?

Allí conocí a gente muy simpática a la cuales les tengo mucho cariño, algunas de esas mujeres pertenecen al Opus Dei.

Sentía que la formación cristiana que allí recibía me ayudaba mucho en mi formación doctrinal, espiritual y a crecer como persona, me enseñó a luchar contra mis defectos y a tratar de mejorar, tanto en mi relación con Dios como en mi relación con los demás; a querer a todas las personas como son y tratar de comprenderlas, porque todos somos hijos de Dios; a darme cuenta de que sin Dios nada podemos, de que tengo fe y confianza en que Dios siempre nos pone en el camino lo que es mejor para cada uno.

¿Cómo fue plasmando ese espíritu en su familia?

Roberto y yo tenemos tres hijos. Cada uno es diferente y cada uno es muy especial para nosotros: el mayor Roberto, la segunda Mónica y la tercera Gabriela. El espíritu del Opus Dei se fue plasmando en mis hijos esforzándonos en educarlos bien, basados en una educación exigente y cristiana. Mi esposo y yo siempre nos hemos complementado muy bien, yo soy más impulsiva y él es más calmado.

¿Qué virtudes han buscado fomentar en sus hijos?

Hemos tratado de formarlos responsables y obedientes. Responsables en el estudio, en la lealtad con sus amigos, en las virtudes como la sinceridad, el orden, la honradez, etc. En el día a día les exigíamos en cosas pequeñas como tender su cama antes de irse al colegio, dejar las cosas en su lugar, estudiar antes que jugar y ver televisión, etc.

María Luisa Zoia y su familia

También los acostumbramos a tener lo necesario sin derroches, siempre antes de ir a comprarles ropa, o útiles para el colegio, hacíamos una revisión y una lista de lo que les faltaba. También con los juguetes, no corríamos a comprar lo último que aparecía, sino que esperábamos a que llegara una ocasión que justificara ese regalo: su cumpleaños o tal vez Navidad.

Les enseñamos a cuidar lo que tenían, y a dar gracias a Dios por muchas cosas que otros niños más pobres no podían tener, así aprendieron a desprenderse de alguna cosa que les gustaba y que estaba todavía en buen estado.

¿Cómo organizaban su tiempo?

"Animábamos a nuestros hijos a alcanzar metas de estudios, o deportes, aunque no hacíamos dramas si no los lograban"

Animábamos a nuestros hijos a alcanzar metas de estudios, o deportes, aunque no hacíamos dramas si no los lograban, simplemente les motivábamos para que se esforzaran, siempre de acuerdo a sus intereses y aptitudes. Todos estudiaron algo de música, eso les ayudaba a llenar su tiempo libre. También hicieron natación. Mónica y Gaby jugaban en el equipo de softball del colegio. Guardo lindos recuerdos de cuando las mamás íbamos a hacerles barra en los campeonatos interescolares.

Tratábamos de organizar diversiones sanas y familiares, como campings en la playa con mis hermanos y mis sobrinos. Mi familia es muy unida y disfrutamos mucho de las reuniones familiares. También tenemos suerte de estar rodeados de muy buenos amigos.

Cuando llegaron a la adolescencia, poco a poco, les enseñamos a administrar su libertad con responsabilidad. No todo era perfecto, nuestros hijos también se peleaban, a veces nos sacaban de quicio, a veces hemos tenido que firmar algunas observaciones del colegio, pero todo dentro de la normalidad de una familia.

¿Otros miembros de su familia son del Opus Dei?

Sí, mi esposo es cooperador, y mi hijo mayor Roberto y mi hija Mónica son numerarios. Además mis hermanos y mi mamá conocen a gente de la Obra.

Nuestra hija Mónica está en Polonia hace 13 años. En 1996, el actual prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, le planteó la posibilidad de ir a Polonia, país en el cual la labor estable del Opus Dei se había iniciado hacía pocos años, en 1990, después de la caída del muro de Berlín. 

María Luisa y su hija Mónica, que vive en Polonia

En ese momento necesitaban una profesional en Administración de Servicios para llevar la gestión de las casas del Opus Dei en una forma más profesional. Cuando Mónica nos contó sobre ir a Polonia nos dijo: “lo recé, lo pensé, y dije que sí”.

Desde entonces hasta hoy su trabajo profesional es la administración de algunos centros del Opus Dei. Su trabajo abarca también el tema de instalaciones, es decir, mantenimiento o decoración de las casas. Por eso se conoce todos los mercados de Varsovia. Trabaja mucho, se divierte mucho, y está feliz. Actualmente domina el polaco y es una más, está muy adaptada al clima, a la gente, etc.

Mi hijo mayor Roberto terminó la carrera de Ingeniería Mecánica Eléctrica en la Universidad de Piura. Actualmente vive en Lima y trabaja en el Consejo Académico de la Universidad de Piura. También es parte del directorio de la Escuela de Dirección PAD de la Universidad de Piura. 

Él fue por primera vez a un centro del Opus Dei cuando ya asistía a la universidad. También a él como a mis hijas Mónica y Gabriela lo había animado para que asistiera y recibiera un poco de formación, pero nunca logré que fuera, hasta que un día lo invitaron y coincidió en que había terminado exámenes, y cómo son las cosas de Dios, en esa oportunidad aceptó. Tenía 18 años, y desde ese momento nunca dejó de asistir. Fue como una gracia especial, descubrió algo… Sólo él y Dios saben.

¿Qué ha significado para usted tener hijos del Opus Dei?

El tener a mis hijos numerarios es una gran alegría no sólo para mí, sino también para mi esposo. A través de los años los vemos felices, maduros, y sabemos que contamos con ellos siempre. Me parece importante decir que no han cambiado su manera de ser en nada, siguen siendo los mismos de siempre. Nos damos cuenta que realmente la vocación es una decisión divina, ya que nosotros no hemos hecho nada especial para merecer este regalo.

A veces extrañamos un poquito la posibilidad de poder tener más nietos, y tal vez un poco más de gente alrededor en nuestra vida diaria, pero las personas de la Obra siempre nos hacen sentir acompañados, como una verdadera familia, nos dan la oportunidad de colaborar con sus proyectos y apostolados, y eso nos da mucha satisfacción.

"Estamos muy pendientes de las cosas de cada uno, de alentarlos, de apoyarlos siempre que podemos, y ayudarlos a resolver sus dificultades. Saben que cuentan con nosotros"

¿Cómo continúa el trato con sus hijos?

Siempre estamos pendientes de ellos y tratamos de que ellos también se mantengan en contacto. Cuando hablamos por teléfono con Mónica, que está en Polonia, inmediatamente le contamos las novedades. Entre ellos también se mantienen comunicados por e-mail.

Estamos muy pendientes de las cosas de cada uno, de alentarlos, de apoyarlos siempre que podemos, de tratar que nos cuenten sus cosas y ayudarlos a resolver sus dificultades. Saben que cuentan con nosotros. Gabriela que es la última, va a cumplir seis años de casada y a nuestro yerno Carlos le hemos tomado mucho cariño. Tienen un hijo, mi nieto Luca, que es la alegría de mi esposo y mía y que acaba de cumplir 3 años.  

Mi hija Gabriela es chef de profesión, especializada en pastelería. Empezó sus estudios en Lima y luego en Francia. Actualmente trabaja en un restaurante de Miraflores. Tiene un trabajo muy exigente en cuestión de horarios, tratamos cuando viene a nuestra casa de ocuparnos de nuestro nieto para que pueda descansar un poco.

Los tres son muy buenos hijos. Por eso tenemos muchos motivos para dar gracias a Dios por todo, también por estar en el Opus Dei.